Princesas y superhéroes; consecuencias de los roles de género

Sin dejar de lado la ubicuidad de los roles de género en los juegos de los niños, el escritor y filósofo Damon Young reflexiona en este artículo sobre algo más problemático y mucho más complejo: las consecuencias que acarrean.

En cualquier colegio las niñas quieren ser princesas; es lo que ven por la televisión y lo que más aparece en cualquier catálogo de juguetes. Se supone que las princesas son amadas por ser poco comunes y especiales (aunque resulta paradójico que cualquiera que lleve una tiara de plástico y vestido de poliéster pueda ser la hija de un monarca…).

Es cierto que los superhéroes como Batman o Superman no resultan menos irreales, al fin y al cabo se trata de utilizar la imaginación para convertirnos en algo excepcional que transforme nuestra insignificancia, pero los superhéroes cuentan con grandes poderes que implican grandes responsabilidades; no están sólo relacionados con la violencia o la fuerza física, sino también con valores morales como la valentía, la constancia, el temperamento… El superhéroe clásico asume una especie de labor social y posee la fuerza y la ética para llevarlo a cabo.

El rol tradicional de la princesa sin embargo, comprende un ámbito más privado y tiene que ver con la belleza, la inocencia y el matrimonio. Las princesas no luchan contra los supervillanos ni sacrifican su vida por el bien de la humanidad, (a no ser que este sacrificio se refiera al matrimonio). Ellas se dedican a arreglarse el pelo, a brillar y estar bonitas. De ahí sus accesorios: tiara de diamantes, vestido rosa, peine y zapatos de lentejuelas.

Un estudio realizado por el periódico Roles de Género mostraba cómo los chicos poseen valores más estereotipados en cuanto al género, cuando tienen padres que se enfadan con ellos si juegan con los “juguetes incorrectos”, es decir aquellos que el mercado dirige a las chicas.
Deberíamos tener en cuenta la influencia directa de los progenitores sobre las preferencias de los niños y cómo pueden modificarlas. Habría que considerar que en raras ocasiones los adultos les proporcionamos patrones igualitarios; solemos hablar diferente, hacer otro tipo de regalos y vestirles de distinta forma dependiendo de su sexo. Es decir, antes de que los críos sean capaces de expresar su preferencia por las Barbies o Ninjago, ya han aprendido lo que es tabú y lo que se valora más a través de la comunicación no verbal.

Sabemos que los factores sociales y psicológicos influyen en el desarrollo y que las niñas y niños son tratados de modo diferente, pero influye todo esto en su comportamiento como adultos? Dicho de otro modo, hasta qué punto es nuestra sociedad desigual a menudo dividida por géneros, la que extiende estos patrones a los juegos de los niños?

Existen algunas evidencias que relacionan los juegos típicos de las niñas, así como jugar únicamente entre ellas, con una baja participación en los deportes; también parece que los anhelos de un matrimonio temprano, a menudo integrados en los juegos, pueden suponer en la vida adulta menores aspiraciones hacia los trabajos donde predominan los hombres.

Qué lecciones nos gustaría enseñar a los niños suponiendo que tengamos la oportunidad de hacerlo? Qué tipo de ejemplos deseamos dar, ya sea de forma implícita o explícita?
La cuestión no es que los denominados “rasgos femeninos” sean malos y los “masculinos” buenos o viceversa, sino alcanzar el equilibrio entre coraje físico, sensibilidad emocional y ambición intelectual, por poner algunos ejemplos. Se trata de tener en cuenta que podemos estar animando a nuestros niños de forma inconsciente a tomar determinadas actitudes, valores y prácticas que quizá limiten sus vidas de forma innecesaria.

En cuanto al coraje físico por ejemplo, la filósofa canadiense Sylvia Burrow habla de cómo la amenaza constante de violencia física hacia las mujeres socava su capacidad de autonomía e integridad. Desde la violencia doméstica y el asalto sexual, hasta el miedo a los extraños en callejones oscuros, parece que las mujeres se encuentren en constante riesgo, o al menos esa es su percepción. Desde la forma en la que se visten o hablan, hasta los lugares por los que caminan o conducen, todo parece responder a una especie de prudencia de las víctimas, donde la confianza es sustituida por el miedo.
No es que los hombres posean el monopolio de la fuerza física, sin embargo solemos hacerles creer que los chicos son duros y tendemos a valorar ese “rasgo masculino”; en otras palabras, ellos son los héroes y tienen la capacidad y la fuerza de proteger su integridad y reafirmar sus valores. De este modo incrementamos la vulnerabilidad de las mujeres, las advertimos sobre “los hombres peligrosos”, “los lugares poco recomendables” o incluso la ropa que deben evitar “por su propio bien”.

Todo este artículo constituye sólo una reflexión compuesta de unos cuantos ejemplos, pero lo fundamental es ser conscientes de que si creemos que los juegos son educativos además de divertidos, qué lecciones esperamos enseñar con ellos? qué pretendemos, lograr seres humanos ejemplares o sólo niños y niñas buenos?

Artículo original: http://www.abc.net.au/unleashed/4246568.html

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4 pensamientos en “Princesas y superhéroes; consecuencias de los roles de género

  1. Siendo muy niña me encantaba jugar con los legos, el escalestri, con el coche teledirigido… de mis primos! y es que en mi casa de sólo chicas no había estas cosas…Y que pena que una vez pasas al instituto los chicos ya no te llaman para echar pachangas de futbol, sólo en el cole cuando están obligados en las clases de educación física 😉
    Gracias por el artículo!!!

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