Los peligros del aluminio

El aluminio se encuentra en nuestra comida, en el agua, en el suelo… está más presente en nuestras vidas de lo que puede parecer y puesto que se trata de un veneno, la mayor parte de la población sufre en algún grado la toxicidad de este metal. Se acumula en nuestro organismo durante años y puede producir desde enfermedades degenerativas hasta deformidades en el esqueleto.

Resulta especialmente tóxico para el sistema nervioso y abarca una serie de síntomas que incluyen alteraciones del sueño, nerviosismo, inestabilidad emocional, pérdida de memoria, dolores de cabeza y problemas cognitivos.

Puede detener la capacidad del cuerpo para digerir y utilizar el calcio, el fósforo y el flúor. Esto impide el crecimiento de los huesos y reduce la densidad ósea.

Su toxicidad puede provocar también dolores musculares, problemas de lenguaje, anemia, problemas digestivos, disminución de la función del hígado, insuficiencia renal y cólicos.

FUENTES DE ALUMINIO

Los medicamentos pueden ser una de las mayores fuentes de aluminio:

– los consumidores habituales de aspirina, como las personas con artritis, podrían estar tomando hasta 700 mg de este metal cada día. Y como el aluminio deteriora los huesos, en realidad aumenta la artitis.

– los medicamentos utilizados para el sistema digestivo y las hemorroides pueden contener aluminio. Una dosis normal de antiácidos que contengan aluminio puede llevar hasta 200 mg.

– a menudo los productos para la higiene, como el gel o los desodorantes, también contienen aluminio.

– la comida que ha sido cocinada o almacenada en envases de aluminio, es otra fuente de peligro. Se estima que la cantidad transferida a los alimentos ácidos, como los tomates, alcanza los 4 mg.

– También las cocinas de acero inoxidable pueden ser un fuente, puesto que la unión del acero se realiza con capas de aluminio. Parece que una cocina de este tipo, comienza a dejar rastros de aluminio en las comidas después de un corto período de tiempo siendo utilizadas.

– Existen seis tipos de sales de aluminio que son legales como aditivos en las comidas, según la food and drug administration (FDA). Los más utilizados son los fosfatos de aluminio y sodio. Se encuentran en tartas, productos congelados, levaduras, quesos procesados y cerveza (en latas de aluminio). Solamente una loncha de queso procesado envuelto de forma individual, puede contener hasta 50 mg de aluminio. Se cree que una hamburguesa de queso puede contener más aluminio que cualquier otro alimento. Y los productos horneados incluyen aproximadamente entre 5 y 15 mg por porción.

– El tamaño promedio de salmuera contiene de 5 a 10 mg si ha sido tratado con la solución de alumbre con la que se hace normalmente.

El primer paso para librar a tu cuerpo de este veneno es evitar en lo posible la ingesta de aluminio. El siguiente paso, sería proveer a nuestro sistema con el apoyo nutricional necesario, de forma que obtenga la fuerza que necesita para desintoxicarse de este metal. Existen algunos suplementos que ayudan en este proceso; estos contienen, entre otros: eleuthero, sello de oro, ajo, tillandsia, vitaminas A, C, B12, niacina y ácido fólico.

SINTOMAS DE DESINTOXICACION

Cuando el aluminio almacenado en el cuerpo es expulsado, puede actuar como irritante; por ejemplo, tiende a irritar las terminaciones nerviosas, por lo tanto, cuando alguien se está desintoxicando del aluminio, puede que no se encuentre del todo bien y puesto que los riñones son los que se ocupan de esta desintoxicación, es posible que se sienta dolor en la espalda y los riñones.

Debido a que el aluminio tiene a concentrarse en el cerebro, el proceso de desintoxicación puede ir acompañado de confusión mental.

También puede causar síntomas de gripe con fiebre, escalofríos y mocos.

REDUCIR LA EXPOSICION AL ALUMINIO

– En casa, reemplazar los utensilios de cocinar de aluminio o metal. Una opción segura son los utensilios de acero con recubrimiento de esmalte. Evite las superficies antiadherentes porque son tóxicas.

– No cocine con papel de aluminio y trate de minimizar su uso para envolver alimentos (en especial, alimentos ácidos como naranjas o tomates o alimentos calientes).

– Revise las etiquetas de los alimentos y trate de evitar aquellos que contengan alguna fuente de aluminio.

– Reduzca el consumo de queso, en especial el queso procesado, así como cualquier alimento que que vendan ya horneado, puesto que se utilizan aditivos con aluminio en su preparación.

El cuerpo puede tolerar niveles bajos de aluminio, por tanto es importante mantener un control para que no aumenten. Existen pruebas (análisis de cabello, sangre u orina), que aportan datos sobre los niveles de aluminio acumulados en el cuerpo.

Artículo original: http://www.drpepi.com/aluminum-poisoning.php

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